Enero 2024: Fiesta Pagana
Es curioso el grado de rechazo de la sociedad actual a las tradiciones religiosas que han imperado en nuestro país durante los últimos siglos. Una España religiosa y mayoritariamente católica, aquella en la que casi tenías que ir a misa por imperativo legal, en el que quien ingresaba en el seminario o se metía monja gozaba del respeto de la ciudadanía ha dado otro de sus bandazos y no está tan lejos como parece de aquella época en que se quemaban iglesias o se asesinaba a los sacerdotes porque habían cometido extraños delitos. Ahora se les persigue por pederastas y se destrozan todos los símbolos visibles que puedan quedar del pasado y del presente cristiano de nuestro pueblo, mostrando hacia las instituciones de esta religión una intolerancia autoritaria que nada tiene que ver con su actitud hacia nosotros, especialmente con el Papa actual que ha modernizado y democratizado en la medida de lo posible unas estructuras de poder que han resistido como ningunas el paso de los tiempos.
Febrero 2024: El deporte adelgaza
Ahora hemos vuelto a antiguas religiones, y una de ellas es la del deporte. Si antes se llenaban las iglesias, ahora se llenan los gimnasios y las carreteras y caminos de ciclistas y de corredores, y el domingo se ha instituido como el día del señor deporte para el bando "cristiano" como para el bando "judío" el sábado de centro comercial. Como en el tema de las religiones el Nuevo Testamento es más moderno que la Torá, el culto al deporte también lo es en relación a la adoración al becerro de oro del consumo que también tiene sus tintes bíblicos, y como la evolución se supone que nos lleva a mejor, nos hemos convencido de que es mejor para la salud en contra del aserto popular que nos recuerda que "el caballo que no echa la carrera en el cuerpo le queda".
Marzo 2024: La soledad del portero
Ahora cuando veo un partido de fútbol no puedo evitar fijarme en esos tipos grandullones que se ponen bajo los tres palos y a los que no se les permite ningún tipo de fallo, los que juegan en la posición más ingrata y visible de todas, o al menos eso es lo que me parece. El año pasado, el equipo de mi ciudad natal se jugaba el ascenso y uno de los todopoderosos de la liga de las estrellas el descenso. Sorprendentemente, y en una jugada en la que parecía que no iba a pasar nada, el portero de mi equipo dejó que el balón entrara mansamente en la portería sin apenas oponer resistencia. Le he visto hacer paradas difíciles, dificilísimas y hasta imposibles y también cometer fallos pero ninguno como aquel.
Abril 2024: Ansiedad... pero no la de Nat King Cole
La ansiedad siempre ha tenido mala prensa. Si vamos al médico y no encuentran una causa orgánica para lo que nos pasa es ansiedad, si nos da por comer dulces como si no hubiera mañana es ansiedad, si fumamos porque sí es ansiedad, si nos drogamos también, y si no dormimos, y si no se nos levanta, o si nos es imposible llegar al orgasmo, o si no somos capaces de superar un cáncer o cualquier otro tipo de enfermedad o no sé cuántas cosas más. Si lo vemos así, la ansiedad debe ser de las peores cosas de esta vida y es normal que hagamos todo el esfuerzo que podamos para poder erradicarla, de hecho es que deberíamos hacerlo porque si no realizamos una prevención precoz es posible que se transforme en angustia, depresión o cualquiera de esas otras enfermedades mentales que tanto coste tienen para la vida de quien la padece y de quienes conviven con él.
Mayo 2024: Rituales de seducción
Es difícil creer en los amarres, esos hechizos de amor de los que hablé en una entrada anterior. No podemos tomar como cierto eso de que alguien puede influir en los ciclos de la energía que nos rodea por todas partes ni que se pueda generar desde afuera ningún tipo de actividad neuronal que afecte a nuestras decisiones o desencadene tal actividad en nuestro sistema límbico que anule el efecto de nuestra voluntad porque al fin y al cabo no se le hace un hechizo de amor a una persona a la que podríamos acceder de otra forma. Son efectivos, sí. A nivel económico para quien los hace, que suele cobrar por ello, y a nivel personal para quien paga, porque adquiere una confianza en sus posibilidades que antes no tenía y que a buen seguro le ayudará a esforzarse por conseguir al menos la atención de la persona amada, pero dudo que lo sean para ésta, más allá de que los intentos de aproximación de la otra le resulten convincentes.
Junio 2024: Ya no se venden bicis
No me produce tristeza que no se vendan bicis, llevamos unos cuantos años en los que a los pelotones han llegado un montón de ellos y ellas provenientes de otros deportes. Posiblemente el punto de inflexión se produjo en la pandemia y después de ella, cuando un buen número de urbanitas descubrieron el campo y con él la libertad que nos dan las dos ruedas. Un fenómeno no menos interesante ha sido el redescubrimiento del ciclismo de carretera, que durante años estuvo eclipsado por el de montaña, algo lógico en las grandes urbes en las que convivir con los coches debe ser un auténtico tormento. Los que se pasaban la vida en el gimnasio descubrieron el aire libre, los que no habían hecho nunca deporte encontraron que la bici era asequible y hubo quien hasta descubrió que era un buen método para ligar porque los pelotones, tradicionalmente masculinos, pronto acabaron teniendo su abeja reina a quien acogían con gusto. El caso es que eso hizo que se vendiera un número inusual de bicis, llevando al sector a una época dorada en la que la mercancía llegó a escasear y los precios, ya de por sí altos, se volvieron disparatados. Pero no fue el ciclismo urbano el que tiró del carro, sino las costosísimas máquinas de carretera y Mtb que con la falsa excusa del precio de tecnología tan avanzada han sido el objetivo de todos esos artistas del postureo que se vinieron a nuestro mundillo.
Julio 2024: Landa y el tamaño de los bañadores
El otro día mientras escuchaba el ruido del mar en la playa y miraba el paisaje de todo tipo que pasaba por delante de mis ojos me dio por acordarme de la época landista de don Alfredo y del tamaño de los bañadores de mi infancia, que al fin y al cabo el bañador es el modo de hacer pública la ropa interior sin ningún tipo de pudor, si es que todavía queda alguno en este siglo XXI. El caso es que recuerdo la playa de Aldealengua a las orillas del Tormes porque entonces todavía las piscinas no eran la elección prioritaria, y ver a los amigos de mi padre con esos bañadores minúsculos tamaño slip marcando paquete y a las amigas de mi madre con aquellos enterizos, casi de cuello alto, que llevaban debajo del poliéster un forro que impedía, no ya que se viera sino siquiera que se adivinase cualquier tipo de forma más allá de las inevitables, y me doy cuenta de cómo han cambiado las cosas desde entonces para acá.
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