En su profético 21stCentury Schizoid Man que ahora se utiliza para promocionar un perfume de esos que nos llevan al olimpo con minúsculas de la seducción rodeados de bellos efebos y hermosas sirenas, King Crimson vaticinaban que nada de lo que tendría el ser humano del siglo XXI sería realmente necesario. No llegué a entender mucho más de la letra, entre comida de gatos y neurocirujanos que gritaban pidiendo más, sólo eso y que el ser humano del siglo XXI no se caracterizaría precisamente por su interés por las relaciones sociales.
No entiendo esto de las guerras, como no entiendo tantas otras cosas, pero dudo que haya algo que tenga mayor relevancia para nuestras pequeñas vidas que ver cómo unos kilómetros más arriba un montón de seres humanos a los que ni les va ni les viene la historia se matan entre sí porque a otros se les ha ocurrido que tiene que ser así. Qué más da dónde estén las fronteras si cada uno tenemos nuestras propiedades, qué más da cómo se llame el trozo de terreno en el que vivimos si es sólo un nombre, lo importante es que podamos vivir, como decían Jarcha, sin más mentiras y en paz. Y yo, ahora que me he librado de las primeras y conseguido lo segundo, veo cómo después de una pandemia que no acaba de terminar y de la que no hemos aprendido nada un gobernante decide, por los motivos que sean, invadir el país de al lado sabiendo que él es el pez grande y que tiene fácil comerse al chico, pero también que el pez grande de al lado está deseando entrar a medir el tamaño de sus santos cxxxnes con los suyos, a ver quién los tiene más grandes.
No hemos aprendido nada de la pandemia. ¿O tal vez sí? Volvamos la vista atrás. Los que estamos aquí hemos sobrevivido al virus, supongo que la mayoría sin haberlo pasado aunque prácticamente todos expuestos a él de alguna forma, bien sea por la enfermedad o por las vacunas que han introducido una parte de él en nuestros organismos...
Siempre he pensado que todas las cargas repartidas se llevan mejor y las comunidades de vecinos, sean del tipo que sean, son un buen ejemplo de ello como tantos otros grupos humanos diferentes en la forma pero similares en el fondo, que al fin y al cabo todo en nuestras vidas es bastante parecido en esa línea. Una comunidad de vecinos es eso que formamos cuando tenemos que repartirnos los gastos comunes del lugar en el que vivimos: El mantenimiento de los ascensores, la limpieza de las escaleras, la luz y el agua, las reparaciones de los terrenos comunes y todo lo que surja. La ley prescribe que elijamos un presidente que sea quien ejecute las decisiones que se toman de modo asambleario en las reuniones y un administrador se ocupa de las cuestiones burocráticas de las que el presidente no tiene por qué saber. Luego puede haber vicepresidentes, vocales y otros cargos que suelen estar prefijados en los estatutos, una pequeña ley que rige el funcionamiento de todo esto. La verdad es que si lo pensamos bien son como un estado en pequeñito.
El siglo XX queda ya un poco lejos pero para algunos fue el tiempo en que se desarrollaron nuestra infancia, nuestra adolescencia y los años iniciales de nuestra edad adulta. Los que éramos niños vivimos la muerte de Franco y también los prodigiosos años ochenta en que de repente el mundo pareció florecer y nuestras vidas cambiaron por completo. Mucho hablan del mayo del 68, que a mí me pilló casi con chupete, pero creo que lo nuestro fue menos traumático y más positivo, en todo caso no soy quién para juzgarlo.
Bouzas es un pequeño pueblo gallego que se encuentra ante uno de las grandes tragedias de la historia de cualquier población que se precie, y para lo que un grupo de vecinos, supongo que en representación de toda la comunidad, ha tenido el arrojo de situarse delante de las cámaras de televisión con el fin de poner en conocimiento de todo el que quiera escucharlo el daño que les aflige, quizás con la esperanza de encontrar más sitios en los que ocurra lo mismo o, más probablemente, de llamar la atención a la autoridad competente en la materia para que resuelva semejante desaguisado...
Confieso que les envidio y también que no me gustaría ser como ellos. Son esas estrellas de la comunicación que tienen la habilidad de arrastrar a las masas contando obviedades empleando esa capacidad de seducción verbal que sólo está al alcance de ellos, de los elegidos. Este fin de semana he tenido la oportunidad de asistir como oyente a una de estas exhibiciones, que tiene aún más mérito si eso es posible porque la estrella del evento se permitió el lujo de tirarse tres jornadas matutinas desarrollando algo que expuesto en el formato tradicional nos habría costado no más de dos horas, y con esfuerzo...
Vicente y Carlo (septiembre)
No voy a ocultar la admiración que siento por Carlo Ancelotti. Un entrenador maduro, el que más Champions League y con más equipos diferentes ha ganado, y el que también ha triunfado en más ligas diferentes, lo que tiene mérito cuando hablamos de lo que muchas personas consideran el deporte rey, en el que se cumple más que en ninguno esa regla de que en cualquier competición es muy difícil ganar y muy fácil perder. Como bien sabían quienes jugaban a las quinielas antes del desarrollo de la inteligencia artificial en la época de los big data, acertar el resultado de quince partidos seguidos es condenadamente difícil a pesar de la evidente superioridad de unos equipos sobre otros.
El lenguaje de los pelotones (octubre)
En los pelotones, en los vestuarios, en muchos de esos ámbitos privados en los que participamos de modo anónimo, muchas veces se hacen comentarios de esos que siempre se han hecho, llenos de ironía y faltos de maldad, en los que nunca estará mejor dicho lo de que no hay palabra mal dicha, sino mal entendida...
Memorias de un solo momento (noviembre)
Vivimos una vida corta llena de experiencias que sólo ocurren una vez, de vivencias que no permiten repaso ni análisis, y que quedan en nuestro recuerdo mediadas por nuestros esquemas, nuestros deseos, nuestros afectos y también el estado emocional del momento. Lo que experimentamos en nuestra soledad no es un problema porque sólo nosotros disponemos de la huella en la memoria, pero la cosa no es tan sencilla cuando, como ocurre casi siempre que ocurre, son varios los actores que participan en la escena.
En busca de la verdad (diciembre)
Cuántas veces he escuchado eso de que “si esto es negro es negro y no me puedes decir que es rojo”. Salvo contadas excepciones porque de todo hay en en este valle de lágrimas no creo que nadie tuviera dudas sobre si algo es negro o rojo, todo lo más sobre las diferentes tonalidades de gris oscuro que tal vez podrían confundirse con negro, pero nadie afirmaría con rotundidad que aquello es del color de la sangre en cualquiera de sus modalidades. Hay hechos que son difíciles de discutir y muchos que son interpretables, lo que me recuerda aquella antigua distinción entre hechos y significados, o el dicho de Epícteto de lo que nos perturba no son las cosas, sino la opinión que tenemos de ellas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario